(Narrado por Val, dueña de Blythe Café)

Martes, 4 de febrero

Hoy es un día especial. Ayer cerré el Café con una sonrisa enorme en mi cara porque, gracias a la votación de nuestros lectores — ¡sí, vosotros! —, decidimos que la próxima gran idea para revitalizar el Blythe Café será un mini-concierto de música K-pop con Dani, también conocido como Félix, como estrella principal. En un principio, parecía una broma, pero el entusiasmo de la gente fue tan genuino que me dije: “¿Por qué no?”.

A eso de las ocho y media de la mañana, llego al local y levanto la persiana con energía renovada. El sol invernal ilumina el escaparate, proyectando destellos sobre el rótulo “Blythe Café”. Parece mentira cómo un simple rótulo de madera puede hacerme sentir tan orgullosa y, a la vez, tan vulnerable.

—¡Buenos días, Val! —exclama Dani desde el interior cuando me ve entrar.
Lo encuentro de pie sobre un pequeño taburete, intentando colgar un póster improvisado en la pared de la barra. El póster muestra una ilustración caricaturesca de él mismo con micrófono en mano, rodeado de corazoncitos y notas musicales de estilo coreano. Cuando me acerco, percibo que huele a café recién hecho, y se me antoja tomarme uno antes de ponerme manos a la obra.

—Hola, superestrella —le sonrío—. Veo que ya te has puesto manos a la obra con el concierto.
—¡Pues sí! Tenemos que anunciarlo a lo grande, ¿no crees? —Dani se baja con cuidado del taburete y revisa que el póster no se caiga—. He dibujado algo rápido esta mañana; estoy pensando en crear algo más profesional para las redes sociales.
—Me encanta. Pero, hablando de redes sociales… —le comento con un aire misterioso—. ¿Has visto lo que ha pasado con la Barbie que vino ayer?

Dani me mira curioso, con los ojos brillantes.

—¿Ha pasado algo?
—Resulta que no era una Barbie cualquiera. Hizo una foto de su café y su tostada integral y la subió a su red social. Se ve que es una especie de “influencer” que publica sobre estilos de vida y sitios de moda.
—¿En serio? ¿Dijo algo bueno o malo?
—Te leo el pie de foto —saco el móvil y busco la publicación, mientras Dani se acerca expectante—. “Desayuno saludable en un lugar mono, el Blythe Café. Tostada aceptable, café decente. El personal regular, necesitan pulir su atención. 6/10.”

Dani hace una mueca.

—Ouch.
—Eso he pensado yo al principio. Pero espérate, los comentarios de sus seguidores están siendo muy… curiosos. Muchos preguntan dónde queda el Café, que las fotos se ven geniales, otros que quieren el outfit de la Barbie, que les parece muy ‘instagrameable’…
—O sea, que la nota es un seis, pero la repercusión podría ser buena. Más gente vendrá por simple curiosidad.
—Exacto. Así que, aunque no sea una crítica brillante, nos va a dar cierta visibilidad.

Dani asiente con energía. Justo en ese momento, entra por la puerta nuestra amiga, la pastelera Mimi, a la que yo llamo la Petite, con sus cajitas de productos recién horneados.

—Val, Dani, traigo algo diferente hoy —dice mientras avanza con su pasito ligero—. Son muffins de té verde matcha con un poco de glaseado de lima. ¿Creéis que gustarán?
—¡Seguro que sí! —contesta Dani rápido—. El toque asiático pega con el ambiente K-pop que estamos a punto de promocionar.
Mimi parpadea, intrigada.
—¿K-pop? ¿Concierto? —pregunta, señalando el póster de la pared.
—¡Oh, sí! —le explico—. Hemos decidido hacer un mini-concierto para animar a la gente a venir. Dani cantará y, bueno, quizás algún tema baile, ya veremos. La idea es para este sábado por la tarde, con entrada libre.
—¡Qué guay! —Mimi da un saltito de alegría—. Si queréis, puedo preparar dulces temáticos, con motivos musicales, estrellitas, corazones…
—Me encanta la idea, Mimi. Además, siempre se te da bien decorar.

En ese momento, la puerta se vuelve a abrir y aparece Mira, con su eterno gesto de quien no ha dormido lo suficiente y un libro de Derecho bajo el brazo.

—Decidme que no tengo que aprenderme coreografías —suelta nada más cruzar el umbral—.
—Tranquila, Mira —respondo riendo—. La gente ha votado un mini-concierto de K-pop para este sábado. Tú puedes encargarte de la organización legal, no te preocupes por mover las caderas.
—Menos mal. Ya tengo bastante con mis exámenes finales como para aprenderme pasos ridículos —farfulla, dejando su libro en la barra—. Por cierto, he estado mirando lo de la crítica de la Barbie influencer. Menuda tipa.
—Bueno, nos puntúa con un 6/10, pero al menos nos menciona. ¡Lo mismo viene el sábado y sube otra foto!
—O lo mismo sube un 3/10 si se aburre —replica Mira con su pesimismo característico—, pero oye, si a vosotros os motiva, adelante.

El sarcasmo de Mira me hace sonreír. En el fondo, su realismo a veces nos pone los pies en la tierra. Sin embargo, hoy quiero dejarme llevar por el entusiasmo de Dani y Mimi. Comienzo a pensar en cómo promocionar el evento: podríamos hacer un cartel más grande, postearlo en redes sociales (aunque no seamos muy populares aún), y tal vez repartir algunos flyers por la zona.

A media mañana, ya con algunos clientes sentados en las mesitas altas, mi mente sigue dando vueltas al concierto. Le digo a Dani que, cuando tenga un hueco, me diga cuántas canciones planea interpretar, si necesita una base instrumental o si traerá algún amigo que toque la guitarra. Me responde que lo tiene todo en mente:
—Podría cantar dos o tres temazos de mis grupos favoritos. Tal vez añadir un remix especial y cerrarlo con mi propia versión de “Happy” pero en coreano.
—¿Estás seguro de que no es mucha mezcla? —pregunta Mira con curiosidad.
Mucha mezcla es mi segundo nombre —bromea él.

Entretanto, Mimi aprovecha un momento de calma para sacar un pequeño cuaderno donde anota ideas de repostería para el concierto: “cupcakes con forma de micrófono”, “galletas con iniciales en coreano”, “minidonas con carita de Dani”. Me río al imaginar esa escena: la gente devorando la “cara” de mi barista estrella.

—Voy a volverme un mito —dice Dani al ver el boceto de Mimi—. “Come la cara de tu idol preferido”.
—Tú ríete, pero si sale bien, quizá nos hagamos virales —le contesto—. ¿Te imaginas?

Antes de que Dani pueda responder, entra un cliente al que reconozco del otro día: un Ken despistado que buscaba su cartera. Hoy trae cara de alegría.

—Hola de nuevo —le saludo—.
—¡Hola! Adivina qué… ¡Encontré mi cartera! Estaba en el coche todo este tiempo.
—Menos mal. ¿Te preparo un café como celebración?
—Sí, por favor. Un cappuccino con mucha espuma. He venido porque he visto en la cuenta de Instagram de la Barbie influencer la foto de vuestro café. Oye, no hablabais muy bien de ella —menciona guiñando un ojo—, pero al final os ha dado publicidad.
—Digamos que no somos su local favorito, pero un poco de atención nunca viene mal.

Ken pide también un par de muffins de matcha de Mimi y se sienta con su taza. Mira, que se ha quedado en la barra, le lanza una mirada cómplice:
—No te fíes de la Barbie. No tiene piedad.
Él se ríe a carcajadas y yo les dejo con su charla mientras regreso a organizar mis ideas.

Una vez cumplida la primera oleada de desayunos, llega la hora de la calma relativa: entre las once y la una, el flujo de gente baja un poco. Aprovecho para sentarme en la mesa más cercana a la ventana, junto a Dani, Mira y Mimi, y empezamos a debatir el plan para el concierto K-pop del sábado.

  • Fecha y hora: Sábado por la tarde, de 18:00 a 20:00.
  • Equipo: Necesitamos un altavoz decente y un micrófono.
  • Decoración: Haremos algunos banderines con letras coreanas, pondremos el póster de Dani en grande y pondremos lucecitas para dar ambiente.
  • Menú especial: Bebidas coreanas (quizá un mocktail de té verde, cafés helados con vainilla…) y postres temáticos de Mimi.

—¿Y si hacéis algo para sortear al final? —propone Mira—. La gente se muere por las cosas gratis.
—Podríamos sortear un “Vale por un desayuno gratis durante una semana” —respondo—, algo así.
—Mejor que no sea tan largo, Val —Dani se ríe—. ¡O nos arruinamos! Un “desayuno gratis” en singular y listos.
—Vale, vale, me conformo con esa idea.

Tomo nota de todo esto en mi libreta y luego, con el móvil, hago un post en las redes del Blythe Café: un breve texto anunciando el concierto K-pop con Dani para el sábado. Antes de subirlo, me aseguro de que la foto sea llamativa: le pido a Dani que se ponga su mejor pose con la taza de café y le añado el hashtag #KpopInBlytheCafe. Publicar… y listo.

Concierto, K-pop, Blythe Café, Blythe

Cuando parece que todo va sobre ruedas, irrumpe la pastora de la realidad, aka Mira, con noticias no tan alegres:
—He averiguado que Cafe Deluxe está mirando locales en esta calle. Están en plena fase de expansión.
Trago saliva. El solo nombre de Cafe Deluxe me recuerda el rumor de que podrían querer comprarnos o, al menos, hundirnos abriendo un local enorme y vistoso.

—¿Cómo lo has averiguado? —pregunto.
—Mi compañera de clase, una Middie Blythe, me contó que su primo trabaja en un despacho que tramita licencias de apertura. Y hay una para “Cafe Deluxe B02”, que podría ser justo en la manzana de al lado.
—Genial —digo con sarcasmo—, justo lo que necesitábamos.
—Bueno, —Mira se encoge de hombros—, al menos sabremos a qué atenernos.

Mimi, que escucha esto con la bandeja de muffins en las manos, palidece un poco:
—¿Crees que vendrán a comprarte el local?
—Eso intentarán, supongo. Pero este Café no está en venta.

Mi determinación es firme, pero no puedo negar que me corren hormigas en el estómago al imaginar a un gigante empresarial plantándose en mi puerta. Quizá me ofrezcan una suma que me cueste rechazar, pero… respiro hondo y miro a Dani. Él me sonríe:
—Tranquila, Val. Nuestro concierto será un éxito y les demostraremos que Blythe Café tiene un alma propia, inimitable.

El optimismo de Dani me reconforta. Decido que, por el momento, me centraré en preparar el evento. Haré que sea tan especial que la gente hable de nosotros, y así, si Cafe Deluxe abre aquí cerca, tendrán que sudar tinta para competir.

Esa misma tarde, tras la pausa del mediodía, tenemos un rato tranquilo en el local. Dos o tres clientes se encuentran charlando en un rincón. Dani me pide que lo acompañe a la parte delantera, donde está la zona más amplia, para mostrarme un esbozo de su coreografía y su estilo de canto. Se pone a tararear una canción de un grupo famoso de K-pop, moviendo los hombros y con pasos sencillos pero graciosos.

Yo lo observo, tratando de no reírme demasiado para no cortarle el rollo:
—Tienes ritmo, Dani, no lo niego.
—Lo sé, lo sé —dice con falsa modestia—. Tenía que customizarme algo más que la nariz para lucir como todo un idol, pero me falta presupuesto.

En esas, se acerca uno de los clientes, un Pullip con aspecto bohemio, y comenta:
—Oye, suenas bastante bien.
Dani, sin cortarse, le explica que haremos un concierto el sábado y lo invita formalmente. El cliente asiente encantado y dice que vendrá con un par de amigos. Genial, un futuro fan.

Ya cerca de las seis de la tarde, reviso en mi móvil cómo va la publicación del concierto. Me sorprende ver que ha tenido un número decente de “Me gusta” y algún comentario diciendo cosas como: “¡Allí estaremos!” o “Amo el K-pop, qué plan más chulo”. Incluso hay un comentario de la misma Barbie influencer (aunque con su tono altivo):

“¿K-pop en un café minúsculo? Curioso. Quizá pase a verlo si no se me complica la agenda.”

—Vaya, mira quién se ha pronunciado —le digo a Mira, que justo pasa tras la barra—.
—Uff, la influencer otra vez… —Mira pone cara de fastidio—. Espero que no nos deje un cuatro de nota esta vez.
—Bueno, es publicidad —me encojo de hombros—, ya sabes lo que dicen: que hablen de uno, aunque sea mal.


A última hora, entra alguien que no conozco. Es un Neo Blythe de porte elegante, con un peinado impecable y un maletín de cuero. Al verlo, se me pone la piel de gallina sin razón aparente, porque de inmediato se acerca con una sonrisa cortés y pregunta:

—Buenas tardes. ¿La dueña?
—Soy yo —digo, intentando sonar natural.
—Encantado. Me llamo Leon. Trabajo con Cafe Deluxe y…
—¿Cafe Deluxe? —repito, levantando ligeramente la voz. Al instante, siento que Dani y Mira miran hacia nosotros desde la barra.
—No se preocupe —se apresura a decir Leon—, no vengo a hacerle ninguna oferta indigna. Solo quería conocer el local. Hemos oído hablar de él y, ya que estoy por la zona, me apetecía probar vuestro café.

Mi cabeza da vueltas. ¿Será cierto que solo quiere probar el café, o es el típico emisario para tantear el terreno? Con un nudo en la garganta, le preparo un cortado (aprovechando el nuevo blend etíope de Dani). Leon lo saborea en silencio, me lanza una mirada de aprobación y dice:

—Nada mal, la verdad. Sois muy buenos baristas. —Hace una pausa—. Sé que no me has preguntado, pero sé que circulan rumores sobre nuestra expansión. Solo quiero que sepas que Cafe Deluxe no es un ogro come-cafés independientes.
—Claro… —musito, con amabilidad tensa—. Nosotros… seguimos a lo nuestro.
—Me parece perfecto. —Deja un billete en la barra—. Espero que un día hablemos con calma. Ah, y he visto vuestro póster. Igual me paso por el evento del sábado, soy muy fan de la música en directo.

Antes de que pueda responder, Leon se despide con otro gesto cortés y se marcha. Quedo un par de segundos en silencio, con el billete en la mano. ¿Acaba de insinuar que vendrá al concierto, o solo pretende intimidarme?

Dani se acerca y mira la puerta por donde ha salido Leon.
—¿Has visto su chaqueta? Eso cuesta un dineral.
—Pues ya le has cobrado un café a precio normal, y ha dejado propina —miro la moneda de más—. Querrá hacerse el simpático.

Mira, en un tono algo fúnebre, agrega:
—O está jugando al poli bueno antes de darnos una puñalada por la espalda.
—No seamos negativos —me esfuerzo en decir—. Quizá solo sea un cliente más…

Pero en mi interior siento que, por fin, la batalla con Cafe Deluxe está a la vuelta de la esquina.


Cuando llega la hora de cerrar, Mimi ya se ha ido a casa con la promesa de preparar recetas específicas para el concierto. Mira se despide con un “venga, a ver si mañana me mandas un cartel decente para difundir por la universidad”, y Dani se queda ayudándome a recoger.

—¿Estás nerviosa, Val? —me pregunta mientras aparta las tazas limpias del escurridor.
—Por Cafe Deluxe, un poco. Por el concierto, más que nerviosa, estoy ansiosa. Quiero que salga bien.
—Va a salir genial. Y si Leon aparece, pues que disfrute y vea de primera mano que Blythe Café tiene un encanto que no se compra con millones.

Nos damos un leve abrazo de ánimo. Me encanta contar con gente como Dani, que en vez de hundirme más en las dudas, las disipa con su sonrisa.

Cierro la puerta. Miro el interior a través del cristal: las mesitas con sus sillas recogidas, el pequeño póster de K-pop colgado en la pared, las luces tenues reflejándose en el suelo. Una chispa de ilusión me recorre el pecho. Mañana seguiremos con la rutina y prepararemos todo.

Mientras bajo la persiana y escucho la suave fricción del metal, me digo que este sábado podría ser un punto de inflexión. El concierto con Dani, la posible visita de la Barbie influencer, la aparición de ese emisario de Cafe Deluxe… Siento que algo grande se avecina, y no pienso quedarme de brazos cruzados.

Cuando me despido de Dani, él me canta un trocito de su canción con un pasito de baile. Su risa me contagia. Me voy a casa con la cabeza repleta de ideas:

  • Preparar mejor el escenario para no quedarnos sin sitio,
  • Revisar el stock para el sábado,
  • Hablar con Mimi para la decoración final,
  • Y mentalizarme de que, pase lo que pase, Blythe Café merece brillar con luz propia.

El sábado se acerca, y con él, nuestro primer gran espectáculo. ¿Funcionará el tirón del K-pop para llenar las mesas? ¿La Barbie influencer volverá con su veredicto? ¿Y Leon, el enigmático chico de Cafe Deluxe, será sincero en su afán de “solo catar el café”?

Cierro los ojos un instante antes de marcharme definitivamente. Respiro hondo. Pase lo que pase, no pienso rendirme. Para eso —me digo— hay mucha música y mucha espuma de café esperando.

Fin del Capítulo 2

Próxima cita: ¡Martes que viene, 11 de febrero, no te pierdas cómo avanzan los preparativos para el mini-concierto K-pop!

¿Qué esperas del evento de Dani?

  1. Coreografías y más coreografías
  2. Una visita sorpresa de la Barbie influencer
  3. Algún lío romántico inesperado

(¡Déjanos tus comentarios y nos vemos en la próxima taza de café!)

2 thoughts on “Capítulo 2 – La melodía del Café”

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